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5 razones por las que te resistes a la planificación estratégica

En el competitivo mundo de los negocios, contar con una estrategia clara y bien definida es fundamental para alcanzar el éxito a largo plazo. Sin embargo, diversas empresas se enfrentan a obstáculos que las alejan de la planificación estratégica, poniendo en riesgo su crecimiento y supervivencia.


En este artículo exploraremos, de acuerdo a nuestra experiencia, las cinco razones más comunes por las que se evita contar con un Plan Estratégico y los riesgos a los cuales la empresa se expone.


 

En varias ocasiones, he recibido el encargo de "vender" la importancia de una Planificación Estratégica a ejecutivos que se muestran reacios a adoptarla. Debo admitir que las conversaciones no siempre transcurrieron con total transparencia. En algunos casos, debido a la falta de conocimiento, experiencias previas negativas o simplemente a las preferencias y características personales de los líderes, la Planificación Estratégica es percibida como una inversión de tiempo y dinero que no ofrece beneficios claros.


De todas estas conversaciones, me he quedado con una idea más o menos clara de cuáles podrían ser las 5 principales razones que llevan a los directivos a resistirse a realizar una Planificación Estratégica:


1. Enfoque en el corto plazo:


Algunas empresas descuidan la planificación estratégica a largo plazo al enfocarse excesivamente en objetivos y metas financieras a corto plazo. Priorizan los resultados inmediatos y argumentan falta de tiempo, considerando la planificación estratégica como un lujo inasequible debido a las demandas diarias del negocio. Además, perciben la estrategia como costosa y requiriendo inversiones en momentos inoportunos debido a la falta de recursos financieros, humanos o tecnológicos necesarios.


Riesgos a los que se expone:

  • Falta de dirección a largo plazo.

  • Dificultad para adaptarse a nuevas tendencias y tecnologías.

  • Escasa capacidad para anticipar y prevenir problemas futuros.


Dos formas inteligentes y prácticas para enfrentar este problema:

  1. Integrar la planificación estratégica en la gestión diaria: Incluir la planificación estratégica como parte integral de la gestión diaria del negocio, asignando tiempo y recursos específicos, estableciendo metas a largo plazo y monitoreando regularmente el progreso hacia ellas.

  2. Adoptar enfoques ágiles y escalables: Utilizar metodologías ágiles, como OKR, para establecer objetivos claros y medibles en intervalos cortos, realizar ajustes según los resultados y condiciones cambiantes, maximizando los recursos disponibles y minimizando los costos asociados con la planificación estratégica tradicional.



Desafíos comunes para la Planificación Estratégica

2. Estilos de liderazgo autocráticos u orientados al control:


Los líderes autocráticos toman decisiones de manera unilateral y centralizada, sin involucrar a los demás en el proceso de toma de decisiones. Este enfoque puede llevar a una falta de participación y colaboración en la planificación estratégica, ya que el líder considera que su visión y decisiones son suficientes. Los líderes orientados al control tienen un enfoque excesivo en el control y la supervisión, lo que puede limitar la participación y la toma de decisiones estratégicas más amplias.


Riesgos a los que se expone:

  • Desconexión entre el liderazgo y el resto de la organización.

  • Falta de compromiso y motivación de los empleados.

  • Riesgo de perder perspectivas y conocimientos valiosos de los miembros del equipo.


Dos formas inteligentes y prácticas para enfrentar este problema:

  1. Fomentar la participación y la colaboración: Valorar y promover la participación activa de los empleados en la planificación estratégica, a través de reuniones y grupos de trabajo interdepartamentales.

  2. Implementar un enfoque de liderazgo democrático: Involucrar a los miembros del equipo en la toma de decisiones estratégicas mediante sesiones de lluvia de ideas, encuestas y votaciones. Esto fomenta la diversidad de ideas y fortalece el sentido de pertenencia.



Los líderes autocráticos y controladores evitan la participación de los colaboradores

3. Resistencia al cambio:


Algunas empresas evitan la planificación estratégica debido a la resistencia que el cambio puede generar. Prefieren mantenerse en su zona de confort y no enfrentarse a la incertidumbre que conlleva el cambio estratégico. Si la cultura organizacional de una empresa está arraigada en la resistencia al cambio, es probable que eviten la planificación estratégica.


Riesgos a los que se expone:

  • Ineficiencia y falta de adaptación a nuevas circunstancias.

  • Dificultad para atraer y retener talento.

  • Permanencia en un estado de complacencia y conformismo.


Dos formas inteligentes y prácticas para enfrentar este problema:

  1. Comunicación clara y continua: Comunicar de manera efectiva los beneficios y la necesidad de la planificación estratégica, resaltando cómo puede ayudar a la empresa a adaptarse al cambio y lograr un crecimiento sostenible.

  2. Involucrar a los empleados: Involucrar a los empleados en el proceso de cambio, brindándoles formación, creando equipos multifuncionales y promoviendo una cultura de aprendizaje, para reducir la resistencia y fomentar el compromiso hacia el cambio estratégico.



La resistencia al cambio hace evitar la incertidumbre de la estrategia

4. Enfoque reactivo en lugar de proactivo:


"Si funciona, no lo arregles", o bien "en el camino se arregla la carga", son dos de las frases favoritas de la mentalidad reactiva, la cual los lleva a responder a los cambios y desafíos a medida que surgen en lugar de anticiparlos y prepararse de manera proactiva. Esto puede llevar a la creencia de que la planificación estratégica no es necesaria, ya que pueden manejar los problemas a medida que aparecen. Si una empresa no tiene una comprensión clara de su propósito o de lo que quiere lograr a largo plazo, es menos probable que vea la necesidad de desarrollar una estrategia.


Riesgos a los que se expone:

  • Exposición a riesgos no anticipados y falta de preparación para enfrentarlos.

  • Limitada capacidad para influir en el entorno empresarial y adaptarse a cambios.

  • Dependencia de decisiones improvisadas y reactivas que pueden ser menos efectivas.


Dos formas inteligentes y prácticas para enfrentar este problema:

  1. Mentalidad proactiva: Cultivar una cultura organizacional que valore la anticipación y la preparación proactiva. Esto implica promover la importancia de la planificación estratégica y su relevancia para el éxito a largo plazo. Educación, formación y la creación de incentivos pueden ayudar a fomentar la participación en la planificación estratégica y la adopción de una mentalidad proactiva.

  2. Metas claras y medibles: Establecer metas concretas y cuantificables que reflejen la visión estratégica de la empresa. Comunicar estas metas de manera efectiva en todos los niveles de la organización y alinearlas con las actividades diarias. El establecimiento de indicadores clave de rendimiento (KPIs) permite monitorear el progreso hacia los objetivos estratégicos y mantener el enfoque en la implementación de la estrategia.



No contar con una estrategia nos hace reactivos

5. Percepción de que la estrategia es compleja:


Algunas empresas ven la estrategia como algo complicado y abstracto, reservado para grandes corporaciones y no aplicable a su negocio. Esto puede llevar a la creencia de que la estrategia no es relevante o no aporta un valor real. Si una empresa no comprende los beneficios tangibles que una estrategia clara puede proporcionar, es probable que subestime su importancia. Pueden no ver cómo una estrategia puede ayudarles a diferenciarse, enfrentar los desafíos del mercado y lograr un crecimiento sostenible a largo plazo.


Riesgos a los que se expone:

  • Falta de alineación y coherencia en la toma de decisiones.

  • Desconexión entre las acciones y los objetivos estratégicos.

  • Limitada capacidad para identificar oportunidades de mercado y aprovecharlas.


Dos formas inteligentes y prácticas para enfrentar este problema:

  1. Simplificar el enfoque estratégico: Comunica y presenta la estrategia de manera clara y comprensible para todos los miembros de la organización. Utiliza un lenguaje sencillo y evita la terminología técnica excesiva. Utiliza herramientas visuales, como gráficos y diagramas, para hacerla más accesible y atractiva.

  2. Demostrar casos de éxito y beneficios tangibles: Muestra ejemplos concretos de empresas que han logrado diferenciarse, superar desafíos del mercado y lograr un crecimiento sostenible a través de una estrategia clara. Utiliza casos de estudio, testimonios y estadísticas para respaldar los beneficios tangibles de una estrategia bien definida.


En conclusión, la priorización del corto plazo sobre el largo plazo puede llevar a la falta de dirección a largo plazo y la incapacidad de adaptarse a nuevas tendencias. Los estilos de liderazgo autocráticos y orientados al control pueden desconectar al liderazgo de la organización y limitar la participación y el compromiso de los empleados. La resistencia al cambio puede conducir a la ineficiencia y la falta de adaptación. Un enfoque reactivo en lugar de proactivo puede exponer a la empresa a riesgos no anticipados y decisiones improvisadas. La percepción de que la estrategia es compleja puede llevar a la falta de alineación y coherencia en la toma de decisiones.

Para abordar estos desafíos, es esencial integrar la planificación estratégica en la gestión diaria, fomentar la participación y la colaboración, comunicar de manera efectiva los beneficios del cambio, cultivar una mentalidad proactiva, simplificar el enfoque estratégico y demostrar casos de éxito tangibles.


Al superar estas barreras, las empresas pueden construir estrategias efectivas que las guíen hacia el éxito sostenible a largo plazo. Si desea profundizar en cómo combinar la visión de largo plazo de la Planificación Estratégica con la perspectiva de corto plazo de OKR, estaré encantado de brindarle más información al respecto.

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